miércoles, 28 de mayo de 2014

Jauja, la Patagonia en Buenos Aires

Después de mucho andar, vuelvo a este conocido café de la calle Cerviño, en el barrio de Palermo, donde también sirven chocolate caliente y helados. Una tarde de otoño, ya pasadas las cinco. Me siento a escribir y leer historias, que serán en algún futuro leídas por otros, o por nosotros mismos. En un continuo devenir del tiempo, aquí y allá, una vez más. A modo de consejo, opinión o sugerencia, me gustaría decirle al lector, que viva, respire, mueva su cuerpo y su mente, y encuentre un motivo para sonreír, todos los días de su vida. Dense los gustos, el minutero no para.

2 comentarios:

  1. emociona leerte nuevamente, que buen escrito tino! y que lindo que te permitas disfrutar de alegres momentos con real optimismo y esperanzas!, con ganas de hacer y crear! sigamos riendo y disfrutando de los pequeños grandes momentos de la vida cotidiana! brindo por mucho momentos como este y más! abrazos enormes!! y a ser feliz!!...con lo que poseemos!!

    ResponderEliminar
  2. Un lugar muy cálido y pintoresco!... El chocolate caliente contribuye - estoy segura - a que tus historias se gesten con esa mezcla de magia y ternura que vos les imprimís... Y es muy cierto que el minutero no para; por eso hay que recordar siempre aquéllo de que "no dejamos de amar porque envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de amar"... A seguir amando y disfrutar cada momento!!

    ResponderEliminar